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Aspectos psicológicos

Hoy no os voy a hablar de aspectos técnicos, hoy lo voy a hacer de los aspectos psicológicos que conlleva la auto-filmación de una travesía de varios días en bicicleta, aspecto muy importante, al menos para mí.

Cuando decido auto-filmar alguna de mis travesías, jamás olvido que el hecho de hacerlo no ha de mermar de ninguna forma el disfrute que obtenga al realizarla, pero a la vez, la propia travesía no ha de mermar el disfrute que me produce filmarla, simplemente intento encontrar el equilibrio entre ambas, y para ello esto es lo que hago:

Como es imposible saber qué es lo que nos vamos a encontrar de interesante para filmar cuando iniciamos una travesía que nunca hemos hecho o que tiempo vamos a tener, me baso un poco en la frase “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” a menos que os guste retroceder unos kilómetros.

Aunque el primer día de cada travesía siempre tengo la sensación de que tengo que filmar cada rincón, cada paisaje o cada momento, por que si no lo hago me voy a perder un montón de escenas interesantes, ya en los siguientes días me organizo de la siguiente manera teniendo en cuenta que es lo que estoy viendo o sintiendo en cada rincón de la travesía.

Solo me paro a filmar una escena si o si, cuando esta pienso que es totalmente necesaria para documentar la película, como puede ser un lugar emblemático de la travesía por cualquier aspecto, como la montaña más alta, un parque natural o un pueblo importante como algún ejemplo, parándome más intermitentemente si pienso que una misma o parecida escena, ya la tengo o la puedo a encontrar más veces durante la travesía.

A partir del tercer o cuarto día de travesía, miro de hacer una lista con los diferentes tipos de escenas y ángulos que he ido filmando hasta ese momento, según la importancia que para mi haya tenido cada una de ellas, para poder ir controlando el tipo y la cantidad de material audiovisual que hasta el momento tengo de la travesía.

¿Cómo mido la importancia que tiene para mi cada una de las escenas que he ido o voy a filmar?, pues teniendo en cuenta el grado de sorpresa, de la impresión que me ha supuesto o del disfrute obtenido por un lugar o rincón concreto en un momento determinado… es decir según la altura del vello de nuestra piel de gallina, je, je, je.

Guiándome por la lista que he comentado antes, decido en que etapas o momento, que o cuanto tiempo tengo que dedicar para filmar las escenas que necesito y si para filmarlas es el mejor día o momento y si se merecen que me detenga durante una etapa y en ese preciso momento para sacar los trípodes y las cámaras de mis alforjas.

No nos podemos olvidar de que en cada etapa, tenemos por delante un montón kilómetros que recorrer, posibles sorpresas que no tenemos más remedio que superar y que en cada final de etapa debemos llegar al lugar donde tengamos previsto descansar y preparar la siguiente etapa con tiempo y sobretodo luz.

Aunque en un principio no nos lo parezca, en una travesía de varios días casi seguro que nos van a sobrar momentos distintos para conseguir escenas variadas e interesantes que harán que el resultado final de nuestra película sea el esperado.

Os aseguro que en un viaje de este tipo tenemos tiempo de sobras para disfrutar de la experiencia y además mostrarlo con nuestra cámara, en definitiva de lo que se trata es de viajar filmando y a la vez filmar viajando.

 

“Dejar volar la imaginación y sobre todo filmarla… ah! y tener siempre las baterías cargadas”

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